
Bueno, pues ahí vamos, a Oslo, con el célebre "güayominí... di pua". Y este año recuperamos el más puro estilo eurovisivo de cuando yo era pequeño. O pequeñito. Una canción sencilla, y pegadiza, que empieza suavemente y va in crescendo hasta llegar a esa última nota cantada con un buen chorro de voz. Una canción que, para variar, permite apreciar y valorar las aptitudes del cantante... como cantante. Y no sus "otras" aptitudes. No sólo su vestimenta, cómo se mueve, su escenografía o los acompañantes, sino básicamente su voz y cómo interpreta la canción.
Joven (29 años), guapetón... y además con buena voz. Y para variar no va interpretando la canción en plan "tío bueno, cachas, seductor, que enseña bazos, pectorales y abdominales en todas la ocasiones que pilla, con pantalón ajustado que marca culo y paquete, y tal vez así no se fijen mucho en la voz", como suele pasar... Va completamente vestido, y con esa cabellera de rizos, casi en plan bohemio. Aunque a ver cómo queda la cosa el día del evento...
No ganamos desde el "La, la, la..." de Massiel en 1968 y el "Vivo cantando" (¡hey!) de Salomé en 1969. Y es que con el consabido "vecinismo" parece que siempre vayan a ganar los mismos... o sus vecinos. ¡O quizás este año ricitos de oro consiga la victoria!

Pero si nos fijamos, la letra habla de algo mucho más profundo de lo que el sonido circense nos hace creer. Habla de una relación, de una pareja. Habla de lo importantes que son los detalles, como "una caricia, un beso dulce y un perdón", como "un gesto tierno, una mirada, un abrazo, una flor", como "un simple te quiero con dulzura, con cariño y con pasión"... detalles que mantienen viva la relación, la refrescan y la renuevan. Habla de cómo la falta de esos detalles puede hacer que la relación se desvanezca. Como la falta de comunicación. Y en el fondo es una canción de esperanza y de gozo, en el circo del amor.
Así que (haciendo un chiste fácil): "resto de participantes eurovisivos, ¡OS-LO vamos a poner difícil!".
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